Natalia Oreiro al natural: sus postales íntimas desde su hogar en San Isidro

Natalia Oreiro compartió sus postales más personales: su casa, su cuerpo y su mascota El traslado no fue inmediato ni sencillo. En 2016, Natalia y Mollo tomaron la decisión de dejar su casa en Palermo para mudarse a San Isidro, en busca de mayor tranquilidad y contacto con el verde. Ella misma contó en más …

Natalia Oreiro al natural: sus postales íntimas desde su hogar en San Isidro

Natalia Oreiro compartió sus postales más personales: su casa, su cuerpo y su mascota
El traslado no fue inmediato ni sencillo. En 2016, Natalia y Mollo tomaron la decisión de dejar su casa en Palermo para mudarse a San Isidro, en busca de mayor tranquilidad y contacto con el verde. Ella misma contó en más de una entrevista que la adaptación le costó: estaba acostumbrada a una vida más urbana, a una casa con impronta rústica y vintage en pleno corazón porteño. Sin embargo, con el tiempo, la nueva vivienda se transformó en un espacio propio, construido desde cero en términos emocionales.
Si hay un espacio que se repite en sus publicaciones, ese es el jardín. Amplio, verde y cuidadosamente intervenido, funciona como escenario de fotos, momentos de juego, caminatas descalzas y encuentros familiares. Árboles, arbustos, flores de estación y sectores más silvestres conviven con rincones pensados para el descanso.
El jardín es el centro del hogar, diseñado para el descanso y encuentros familiares, con árboles, arbustos y flores de estación abundantes
En una de las imágenes se la ve a Natalia caminando entre senderos, levantando a su gato o simplemente observando el paisaje. El jardín no es solo un fondo bonito: es parte activa de su rutina y de su bienestar cotidiano. También allí se destaca una huerta, donde cultiva flores y plantas, reforzando esa idea de vida conectada con la tierra y los ciclos naturales.
Puertas adentro, la casa mantiene una estética ecléctica y muy personal. Muebles antiguos conviven con piezas modernas; colores pasteles se combinan con tonos intensos como verdes, fucsias y azules profundos. Nada parece elegido al azar, pero tampoco responde a una tendencia de catálogo.
Entre huerta, flores, juegos con su gato y caminatas descalzas, la artista encuentra inspiración y bienestar en un ambiente que celebra lo natural y lo simple como parte de su día a día
En las imágenes se destacan bibliotecas repletas de libros, tocadiscos con discos de vinilo, escritorios intervenidos con objetos pequeños, piedras, cuadernos y recuerdos. Cada ambiente parece contar una historia, como si fuera un collage de etapas de su vida.
En la vivienda compartida con Ricardo Mollo y su hijo, también convive su gato
Durante su último posteo, también aparecen detalles como su gato durmiendo en la cama, sillones bajos, alfombras, cortinas pesadas y paredes empapeladas con motivos florales. Todo contribuye a una atmósfera cálida, algo nostálgica y profundamente femenina, sin caer en lo decorativo superficial.
Natalia Oreiro y Ricardo Mollo decidieron mudarse de Palermo a San Isidro en 2016 para buscar mayor tranquilidad y contacto con el verde. Su hijo Atahualpa captado por su cámara
De todas formas, la foto que más llamó la atención fue otra: la de su figura al desnudo, de espaldas. La silueta aparece caminando hacia un atardecer intenso, con el cielo teñido de tonos naranjas, dorados y grises. La luz baja del sol recorta el contorno del cuerpo y genera un fuerte contraste entre sombras y horizonte, lo que vuelve imposible distinguir rasgos faciales o detalles del rostro.